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"En Italia, se premian los actos de discriminación" - Intervista a Francesca Saudino

La abogada de la asociación Osservazione trabaja recogiendo datos y documentación sobre la situación de los gitanos en Italia

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26 maggio 2008, di Trinidad Deiros, da http://www.publico.es/

La asociación Osservazione trabaja recogiendo datos y documentación sobre la situación de los gitanos en Italia. Este colectivo, formado por personas que se definen simplemente como "ciudadanos italianos", ha elaborado informes para la Comisión contra la Discriminación Racial Europea y la OSCE. Su abogada, Francesca Saudino, describe el racismo y la cultura de la impunidad en su país.

Qué diagnóstico hacen ustedes de la actual condición de la comunidad gitana en Italia?

En Italia, ahora mismo, se está hablando mucho de seguridad y del respeto de la ley, mientras que los derechos de los gitanos se violan sistemáticamente. Esta situación se complica por la dificultad de demostrar ante los tribunales los casos de racismo y de discriminación. El número de sentencias en Italia sobre este problema es exiguo y, por lo tanto, la jurisprudencia, mínima.

Cómo se pueden tolerar declaraciones como las que hacen miembros del Gobierno de Berlusconi, en las que se asimila al gitano y al inmigrante a un delincuente?

Las leyes italianas prevén el delito de instigación al odio racial. Sería necesario recoger todas esas declaraciones y llevarlas a los tribunales. Pero, como le he dicho, objetivamente es muy difícil probar ese tipo de delito. A veces, es la palabra del inmigrante contra la del agresor. Lo más grave es que en Italia no sólo no se castigan ese tipo de afirmaciones racistas sino que los actos de discriminación se premian.

A qué se refiere?

Le pongo un ejemplo. Hace un tiempo, un grupo de vándalos de la Liga Norte prendió fuego a las tiendas de campaña de unos gitanos en Opera, un pueblo cercano a Milán. Pues bien, uno de ellos es ahora el alcalde de esta ciudad.

A qué se debe este encarnizamiento contra los gitanos?

Yo creo que es porque, en el imaginario colectivo, los otros inmigrantes tienen una tarea; es decir, llevan a cabo trabajos. La lógica es: me sirves para algo, haces un trabajo, pues te tolero. En el caso de los gitanos, sin embargo, esto no vale. El gitano ha sido considerado tradicionalmente el que no trabajaba, el que no servía para nada y por ello no se le tolera.

Cree que hay una política de segregación con los gitanos?

Sí. La solución que se ha imaginado para ellos es meterlos en campamentos. La motivación oficial es que son nómadas, pero no es cierto. En el 90% de los casos, los gitanos que viven en Italia son emigrantes económicos o refugiados que han huido de las guerras, por ejemplo, de las que hubo en la ex Yugoslavia. El discurso del nomadismo es falso.

Usted es contraria a los campos autorizados?

Mire, acercarse a uno de ellos te pone la piel de gallina. Familias de doce miembros hacinadas en el único espacio de un contenedor. A lo que hay que añadir el control casi policial y la extraordinaria discrecionalidad de los servicios sociales que deciden sobre muchos de los aspectos de la vida de esas personas. Si se considera que no se están comportando como buenos ciudadanos, se arriesgan a verse en medio de la calle, pues pueden ser expulsados.

Qué piensa usted de esta historia de la gitana que supuestamente intentó raptar a un bebe y que se usó como excusa para incendiar el campo de Ponticelli?

Personalmente, creo que es un montaje. No existe un solo caso documentado de un gitano que haya robado un niño. Creo que todas estas informaciones periodísticas sobre supuestos raptos de niños por parte de gitanos obedecen a lo que se conoce como fobia de espejo; es decir, que pensamos que los gitanos van a robar a nuestros hijos porque, en realidad, si mira usted la historia, quienes han separado de sus padres a los niños gitanos han sido las instituciones y los servicios sociales de nuestros países. En algunos, recuerde que ha habido programas de reeducación de los niños de esta etnia. Eso por no hablar de los campos de concentración.

Entonces, historias como las que difunden los medios de comunicación de Berlusconi le parecen inverosímiles?

Claro. ¿Quién puede creer que una gitana, que conoce las dinámicas de poder de su barrio, va a intentar robar a un niño a dos pasos de donde vive? Si quisiera hacerlo, se iría a una zona donde no la conociera nadie.

En la campaña de criminalización del inmigrante y del gitano, ¿qué papel han tenido los medios de comunicación?

Para mí, ha sido clave. El tema de la inmigración y de los gitanos desencadena instintos muy básicos y además tiene buena audiencia. No hay que olvidar que los medios viven de la audiencia. Otro aspecto que considero importante es que los gitanos han sido un chivo expiatorio del malestar que se vive hoy en Italia. Si me siento mal y le echo la culpa a otro de mis problemas, eso me alivia.

Y todo este odio repentino contra los gitanos?

La razón es que los gitanos no tienen un lobby que los defienda. Son los más débiles. Los hebreos, por ejemplo, sí que lo tienen.

Estaba cantado que los gitanos iban a sufrir si Berlusconi ganaba las elecciones?

Desde luego, yo sabía que él iba a arreglárselas para echar a quien prometió que iba a echar. Dicho esto, debo decir que todo este decreto ley sobre inmigración del Gobierno de Berlusconi tiene importantes lagunas desde el punto de vista de su adecuación a la Constitución italiana. Por ejemplo, los 18 meses de detención administrativa para los sin papeles. En teoría, en Italia, sólo un juez te puede quitar la libertad.

Se puede echar atrás este decreto de alguna manera con la ley en la mano?

La única forma de que no se promulgara sería que el presidente de la República se negara a firmarlo. Si esto no sucede, se puede recurrir sobre la base de la presunta inconstitucionalidad de la norma, pero esto sería un proceso larguísimo.

Este decreto consagra una desigualdad mucho más grande que la que existía?

Por supuesto, aunque ya antes nadie esperaba la igualdad para los gitanos. Hay diferentes raseros para según qué personas. Eso por no hablar de la cultura de impunidad general que reina en Italia, donde al que quema la tienda del inmigrante se le hace alcalde.

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